La UNAM y editorial Planeta proponen acercarse a la novela de José Emilio Pacheco a través de los lugares en la colonia Roma que frecuenta el protagonista
Agencia Excélsior
Las calles Durango, Mérida, Tabasco, Córdoba y Zacatecas de la colonia Roma, principales escenarios donde transcurre la famosa novela Las batallas en el desierto, del escritor mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014), ya no tienen el lujo y la opulencia de los años 40 del siglo XX; pero aún conservan el encanto y la fascinación que producían en Carlitos, el protagonista de la historia, recorrerlas a diario.
Después de 45 años de su primera publicación, en el suplemento Sábado, el 7 de junio de 1980, y al año siguiente la lanzó editorial Era, los capitalinos pueden recorrer los lugares clave de Las batallas en el desierto y admirar algunos edificios que han sobrevivido a la transformación urbana de la capital mexicana.
El actual Colegio México Roma, de extracción marista, fundado en 1899, antigua escuela de Carlitos, se conserva sólido sobre la calle de Mérida; la Iglesia de Nuestra Señora del Santo Rosario, donde el niño confesó su amor por Mariana, la mamá de un compañero de clases, exhibe sus puertas rojas y su fachada, réplica de la catedral de Notre Dame de París, sobre avenida Cuauhtémoc; y el Cine Balmori, construido en 1922, es un lugar emblemático en la calle Orizaba.
No obstante, la casa donde vivía Carlitos, cerca del cruce de Córdoba y Zacatecas, no se menciona con exactitud en la novela; la heladería donde acudía el personaje ya no existe y el Parque Jesús Urueta, actual Jardín Pushkin, donde jugaba el niño, ya no posee el mismo verdor.
La guía Jenni Orozco explica lo anterior durante el recorrido Ruta JEP, organizado por la Cátedra José Emilio Pacheco de la UNAM y editorial Planeta, que está reeditando al autor, para acercar a las nuevas generaciones la obra del poeta y ensayista.
Iniciamos con esta actividad la celebración de los diez años de la Cátedra. Durante el año realizaremos algunas actividades, como talleres y encuentros. Y estamos preparando una pequeña publicación, que reúne diez historias donde José Emilio cuenta parte de su vida y de su escritura. La trabaja la editora Laura Emilia Pacheco, la hija del bardo, y la publicaremos este semestre”, comenta en entrevista Imelda Martorell.
La coordinadora ejecutiva de Fomento a la Lectura y la Cultura Escrita de la UNAM explica que es la primera vez que realizan un recorrido como este. “Nos gustó la idea de celebrar a José Emilio más allá de la mesa redonda o de análisis. Queremos acercarnos a su literatura a través de los espacios que él vivió, sobre todo esta obra, pero también en otras; en muchos de sus Inventarios habla de la ciudad y sus personajes.
Buscamos que la gente, sobre todo los jóvenes, conozcan a José Emilio desde lo que era, desde donde él conoció esta ciudad y la vivió con tanto cariño”, añade.
La promotora cultural considera que Las batallas en el desierto se ha convertido en un clásico de la literatura mexicana, que aborda “de manera magistral la transición de la infancia a la adolescencia en una Ciudad de México que ya no existe.
Para mí fue entrañable. Conmueve esta historia, porque todos estuvimos enamorados de alguien más grande que nosotros cuando éramos niños. La novela ha marcado a muchas generaciones y debe seguir haciéndolo”, agrega.
Por su parte, Orozco destaca que Las batallas en el desierto transcurre durante la presidencia de Miguel Alemán, entre 1946 y 1952. “Un momento clave en la historia moderna de México, porque se vivía un periodo de crecimiento económico, pero también de grandes desigualdades. Este contexto se siente muy bien a lo largo de la novela”.
Al final del recorrido, el escritor Benito Taibo evocó diversas anécdotas de Pacheco. “Era de esos lectores magníficos que no se quedaban con los tesoros que descubría, sino que los compartían a manos llenas. Hay que celebrarlo por eso.
Y hay que decir otra cosa, era un tragón irredento. Cada vez que iba a comer a casa de mis padres, a mi madre le entraba el nervio y decía ‘Hay que poner mucho más de comer’. Pero cuando digo mucho más, es mucho más. Yo nunca había visto a nadie comerse tres platos de fabada, como él; y después pedía un arroz con leche de postre”, recordó con cariño.