Agencia Excélsior | Ciudad de México
Perú inició este domingo una de las elecciones más complejas de su historia reciente, con 35 candidatos presidenciales compitiendo en un contexto de crisis política, desconfianza institucional y escalada de la violencia. Los comicios, que también renovarán el Parlamento, reflejan una fragmentación inédita del sistema político y una ciudadanía cada vez más desencantada.
El proceso electoral se desarrolla bajo el sistema de voto obligatorio en un país de 34 millones de habitantes que, desde 2016, ha tenido ocho presidentes, varios de ellos destituidos por el Congreso. Este escenario ha erosionado la legitimidad de las instituciones y ha alimentado el rechazo ciudadano hacia la clase política.
En los centros de votación, como en el distrito limeño de San Martín de Porres, la desilusión es evidente.
No votaría por nadie. Me siento tan decepcionada de todos los gobernantes”, expresó la comerciante María Fernández, reflejando un sentimiento ampliamente compartido.
La percepción de corrupción y falta de resultados ha generado una crisis de confianza sin precedentes. Según datos del Latinobarómetro, más del 90% de los peruanos tiene “poca o ninguna confianza” en su gobierno y en el Parlamento, el nivel más alto de América Latina.
El sociólogo David Sulmont resume el clima social
“Los electores llegan muy incrédulos, muy inseguros, sin fe en la política”. Esta falta de referentes sólidos ha provocado que una parte importante del electorado decida su voto en el último momento o incluso opte por no elegir a ningún candidato.
Claves del proceso
Contexto: crisis política prolongada
Problema central: inseguridad y crimen organizado
Campaña: enfoque en mano dura
Escenario: alta fragmentación electoral
Conclusión
El proceso electoral refleja una profunda desconexión entre la ciudadanía y la clase política, en un contexto donde la seguridad y la estabilidad institucional son los principales desafíos.
La inseguridad, eje central de la campaña
Uno de los factores determinantes en estas elecciones es el aumento de la criminalidad. Entre 2018 y 2025, los homicidios se duplicaron y las extorsiones se multiplicaron por ocho, en lo que muchos consideran la peor crisis de seguridad desde el conflicto interno con Sendero Luminoso (1980-2000).
La llegada de organizaciones criminales extranjeras, sumada a la acción de bandas locales, ha intensificado la violencia, convirtiendo la seguridad en la principal preocupación ciudadana.
Ante este escenario, los principales candidatos han optado por discursos de mano dura, proponiendo medidas como el restablecimiento de la pena de muerte, la construcción de cárceles aisladas en la Amazonía y políticas más agresivas contra el crimen organizado.
Fragmentación política y voto incierto
La oferta electoral está altamente fragmentada. Ningún candidato supera el 15% de intención de voto, lo que anticipa una elección abierta y un probable balotaje.
Entre los aspirantes con mayores posibilidades destaca Keiko Fujimori, quien lidera las encuestas y ha prometido reforzar la seguridad, atraer inversión extranjera y alinear al país con gobiernos conservadores de la región.
También figuran el empresario Ricardo Belmont, el comediante y outsider Carlos Álvarez, el exalcalde Rafael López Aliaga, así como candidatos de izquierda como Roberto Sánchez, Alfonso López Chau y Jorge Nieto.
La volatilidad del electorado mantiene abiertas todas las posibilidades. En las elecciones de 2021, el entonces candidato Pedro Castillo logró pasar al balotaje contra pronósticos, lo que evidencia la imprevisibilidad del voto peruano.
Una campaña sin propuestas estructurales
Más allá de la seguridad, analistas coinciden en que la campaña ha carecido de profundidad. El experto en opinión pública Luis Benavente señala que ha sido una contienda “más emotiva que programática”, con escasas propuestas para enfrentar problemas estructurales como la informalidad laboral, que afecta al 70% de la población.
El proceso también está marcado por cuestionamientos a la calidad de los candidatos. Según informes de medios locales, al menos 252 aspirantes a distintos cargos tienen antecedentes penales, lo que agrava la percepción de deterioro institucional.
También figuran el empresario Ricardo Belmont, el comediante y outsider Carlos Álvarez, el exalcalde Rafael López Aliaga, así como candidatos de izquierda como Roberto Sánchez, Alfonso López Chau y Jorge Nieto.
La volatilidad del electorado mantiene abiertas todas las posibilidades. En las elecciones de 2021, el entonces candidato Pedro Castillo logró pasar al balotaje contra pronósticos, lo que evidencia la imprevisibilidad del voto peruano.
Una campaña sin propuestas estructurales
Más allá de la seguridad, analistas coinciden en que la campaña ha carecido de profundidad. El experto en opinión pública Luis Benavente señala que ha sido una contienda “más emotiva que programática”, con escasas propuestas para enfrentar problemas estructurales como la informalidad laboral, que afecta al 70% de la población.
El proceso también está marcado por cuestionamientos a la calidad de los candidatos. Según informes de medios locales, al menos 252 aspirantes a distintos cargos tienen antecedentes penales, lo que agrava la percepción de deterioro institucional.


